El Renacimiento es una época de importantes transformaciones en todos los aspectos caracterizada por el empleo de la razón como fuente del conocimiento frente a los textos sagrados y la tradición medieval.
Desde la publicación en 1605 de la primera parte de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha y en 1615 de la segunda parte, este libro se ha convertido probablemente en el libro más editado mundialmente y constituye la obra cumbre de la literatura española.
Siglo de Oro
Bajo el reinado de Carlos I, España dominó gran parte de Europa y estableció un imperio colonial en América. Durante este periodo los escritores españoles siguieron las tendencias filosóficas y artísticas del renacimiento. En el campo de las ideas, Erasmo de Rotterdam fue quien ejerció mayor influencia. Las obras de algunos de sus discípulos españoles, entre los que se encontraban el filósofo Luis Vives y el teólogo Juan de Valdés, fueron muy leídas y se tradujeron a diversas lenguas europeas. Lo mismo cabe decir de las obras de su contemporáneo Antonio de Guevara, divulgador e historiador franciscano. Durante este periodo se escribieron diálogos humanísticos, especialmente por parte de los seguidores de Erasmo, y se cultivó la historiografía. Los historiadores más importantes del renacimiento y el siglo de oro español son Diego Hurtado de Mendoza y el jesuita Juan de Mariana.
Temas y estilos poéticos
La poesía bucólica o pastoril, que pinta la vida y costumbres de pastores o de personajes que se hacen pasar por pastores, es otro de los géneros que florecieron durante el siglo de oro. Los temas y ambientes de la poesía pastoril, junto con formas métricas italianas como el soneto, la octava, la canción, el terceto y el verso libre, fueron utilizados por primera vez de manera habitual por Juan Boscán y Garcilaso de la Vega. Garcilaso fue no solo un innovador en el uso de la métrica italiana y los temas bucólicos, sino también un excelente poeta capaz de transmitir sentimientos auténticos en versos de una serenidad clásica. Curiosamente siempre se le ha considerado modelo de lengua y métrica, y no sufrió el ostracismo de los neoclásicos y románticos, que sí padecieron Góngora y otros poetas del siglo de oro.
Edad de Hierro
Edad del hierro, periodo histórico durante el cual el hierro reemplazó al bronce como material de fabricación de instrumentos y armas. La primera área geográfica en la que se trabajó el hierro de forma predominante fue Oriente Próximo y ello tuvo lugar hacia el siglo XIII a.C. El término edad del hierro hace referencia en Europa al periodo comprendido entre el final de la edad del bronce (c. 700 a.C.) y la expansión del Imperio romano (27 a.C.-68 d.C.), esto es, la última fase de la prehistoria europea antes de que la cultura romana trajera la alfabetización e impusiera una forma de vida radicalmente nueva. Desde este punto de vista, la edad del hierro continuó en aquellas zonas de Europa a las que las legiones romanas nunca llegaron (como Escandinavia, Alemania central o las zonas más remotas de Gran Bretaña) durante todo el Imperio romano. La edad del hierro comenzó en China hacia el 600 a.C.; en el África subsahariana hacia el 500-400 a.C., y en el sur de África hacia el 200 d.C.
La Mancha
La Mancha, región natural de España que comprende buena parte de la submeseta Sur y que se extiende por las provincias de Cuenca, Toledo, Ciudad Real y Albacete.
Es una de las regiones naturales más extensas y características de la península Ibérica, cuyos límites son La Alcarria por el norte y sierra Morena por el sur. En total, ocupa un territorio de unos 300 km de este a oeste y 180 km de norte a sur. El Guadiana, con sus afluentes Záncara y Cigüela, y el Júcar son las principales arterias fluviales.
El terreno es llano, apenas accidentado por las estribaciones de los montes de Toledo, y se articula en diferentes comarcas, como el Campo de Montiel, Campo de San Juan, Campo de Calatrava y La Manchuela. Está formada por un zócalo paleozoico, cubierto por materiales calcáreos, arcillas, cuarcitas e incluso, con restos de una actividad volcánica, que ha dejado algunos cráteres casi desmantelados.
La Mancha es una zona agrícola y ganadera de primera magnitud. Los importantes rebaños de lanar son la base de un queso de renombre mundial. El ganado caprino y vacuno tienen una importancia menor.
En la agricultura el cultivo emblemático es la vid, especialmente en municipios como Valdepeñas y Manzanares. En conjunto, es la principal zona vitivinícola de España por el volumen de su producción, aunque su escaso rendimiento ha propiciado el arranque de cepas, incentivado por la Unión Europea.
Además de la vid, los cereales forman parte de los principales productos agrarios, aunque otros como el girasol, los ajos y el azafrán tienen notable importancia. Las zonas de humedales, como las Lagunas de Ruidera y las Tablas de Daimiel, constituyen espacios naturales de gran valor.
La Mancha, antiguamente denominada Campo Espartario, es famosa por la obra de Cervantes, Don Quijote de la Mancha, y por albergar las sedes de órdenes militares como las de Calatrava y Santiago.
Semejante juego narrativo resulta enriquecido por el perspectivismo y el relativismo, que se manifiestan en toda la novela, ya en la variedad de nombres que se atribuyen al hidalgo manchego: Quijada, Quesada, Quejana, Quijana y Alonso Quijano. Dentro de esa diversidad, es interesante señalar que la palabra “quijote” designa la parte de la armadura que cubre el muslo. El elemento paródico y la ironía actúan una vez más para caricaturizar la figura del caballero que, gracias a una sinécdoque (véase Figuras retóricas), aparece identificado con una parte (la privación, la pérdida) y no mediante un rasgo totalizador. También existe sinécdoque en el apellido con el que se identifica al escudero. Perspectivismo y relativismo aparecen también en la forma de muchos nombres comunes, como el neologismo “baciyelmo”, que resuelve una cuestión sin excluir ninguna perspectiva. En esto se revela la comprensión cervantina ante todo lo humano. Y la misma libertad que Cervantes reclamó para sí como creador se la concedió en idéntico grado a don Quijote. El comienzo de la novela es bien conocido: 'En un lugar de La Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo vivía un hidalgo'. Con estas palabras Cervantes destaca que los hechos que va a contar no ocurrieron en tierras lejanas, como las historias de la caballería andante, sino muy cerca, en La Mancha, ni tampoco en tiempos remotos, sino ayer mismo. Se han dado muchas explicaciones a este comienzo de la novela: un octosílabo de un romance anónimo, negativa a decir el nombre del pueblo natal de don Quijote por deseo de incluir a toda La Mancha, comienzo característico de los cuentos populares, rechazo del autor al pueblo donde supuestamente estuvo preso y comenzó la novela. Sin negar estas razones Leo Spitzer y Avalle-Arce explican el comienzo del Quijote como una defensa de la libertad del creador y del personaje con repercusiones fundamentales en la evolución literaria. La literatura anterior a Cervantes se regía por unas convenciones restrictivas. En aquellos modelos tradicionales la cuna del héroe determinaba su vida futura. Amadís era hijo de reyes, nació en Gaula y estaba llamado a ser héroe. Lazarillo nació en el Tormes, era hijo de padres viles y será un antihéroe. En cambio Cervantes no especifica la cuna, ni la genealogía, ni el nombre exacto de don Quijote para que pueda caminar libre de todo determinismo, creando su propia realidad. Por eso a partir del Quijote la vida del personaje literario será más libre. Porque, como señala Carlos Fuentes, Cervantes ha puesto a dialogar a Amadís de Gaula con Lazarillo de Tormes y en el proceso ha disuelto para siempre la interpretación unívoca del mundo.
Vocabulario:
Alforjas:
Tira de tela fuerte que se dobla por los extremos formando dos bolsas grandes y cuadradas, que sirve para transportar una carga al hombro o a lomos de las caballerías.
Cayado:
Bastón o garrote utilizado por los pastores para juntar a sus rebaños.
Mantear:
Hacer saltar a una persona a una sábana o manta de cuyos extremos tiran varias personas.
Dar una zurra a alguien (castigar, especialmente de azotes y golpes)
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